El frenillo restrictivo no es solo un problema de lactancia

Por qué el frenillo restrictivo va mucho más allá de la lactancia: cómo la lengua condiciona el desarrollo oral y también la correcta pronunciación de los sonidos.

7/3/20261 min leer

Niño durante una valoración miofuncional
Niño durante una valoración miofuncional

¿Sabías que tu cara, tu boca, tu paladar, tus dientes y tu mandíbula se desarrollan en gran parte gracias a la posición de la lengua? La lengua es la primera ortodoncia que tenemos.

Cuando está bien colocada, actúa de forma natural como un expansor: genera un correcto crecimiento transversal y crea el espacio necesario para que los dientes tengan hueco y crezcan alineados. Es la directora de obra de toda la arquitectura oral.

Además, cuando la lengua se coloca en el paladar, imposibilita la respiración oral y obliga a respirar por la nariz, que es como debe ser (más adelante escribiré otro post hablando solo de esto). Y cuando la lengua está en el lugar correcto, también tragas de forma correcta y evitas compensaciones que, con el tiempo, pueden derivar en otros problemas.

La lengua es también la responsable de la articulación de los sonidos y de una pronunciación correcta. Si no funciona bien, muchos sonidos se ven distorsionados: aparece el ceceo, o problemas con la r o la rr, entre otros. Cuando existe un frenillo que limita el movimiento de la lengua, todo este proceso se altera, y el impacto va mucho más allá de la lactancia.

Por eso, cuando existe un frenillo restrictivo, el impacto va mucho más allá de las dificultades de lactancia en los primeros meses. Afecta a cómo se desarrolla toda la estructura oral a lo largo de los años, y también a cómo se habla.

Si tienes dudas sobre la posición de la lengua de tu hijo, sobre su respiración o su pronunciación, o si sospechas que puede haber un frenillo restrictivo, no esperes a que se convierta en un problema mayor.

Un abrazo, Paula

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